Una gaviota
descendió en un suburbio de la capital de Lu. El marqués de Lu
le dio la bienvenida y la festejó en el templo, disponiendo para ella la mejor
música y los más importantes sacrificios. Pero el ave estaba aturdida y parecía
bien triste, no atreviéndose a tragar un bocado de carne o una sola copa de
vino. Al cabo de tres días, murió.
El marqués de Lu
agasajó a la gaviota como a él le gustaba ser agasajado y no como a ella le
habría gustado.

